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La palabra que teje territorio: intercambio intercultural en La Campana, Maicao

En la arena viva de La Guajira, donde el viento conversa con los cactus y el horizonte guarda memorias antiguas, el grado décimo de la Institución Educativa Indígena No. 2 vive la escuela como territorio, identidad y resistencia cultural.

Este grupo, conformado por 33 estudiantes —en su mayoría jóvenes wayuu y algunos migrantes venezolanos— ha convertido la escritura multimodal en un puente entre mundos. Aquí, escribir no es solo trazar palabras en papel: es tejer, danzar, narrar sueños, dibujar símbolos, plasmar la identidad en la piel y en las artesanías.

Educación propia: ciencia y cosmovisión en diálogo

La experiencia pedagógica del grado décimo se inscribe en el reconocimiento del Sistema Educativo Indígena Propio (SEIP), que fortalece la educación desde la cosmovisión y los saberes ancestrales. En este contexto, la lengua wayunaiki, los clanes, la tradición oral y la danza de la Yonna son parte viva del currículo.

El profesor Daniel Ospino, director del grupo, destaca que el intercambio con otras instituciones ha sido una “ventana para conocer otras realidades”, pero también una oportunidad para valorar profundamente lo propio. Para los estudiantes, este proceso no significa dejar atrás su raíz, sino reafirmarla mientras dialogan con otros contextos escolares.

La ciencia, en este escenario, no reemplaza la tradición: la acompaña. Se convierte en puente entre la educación formal y el conocimiento ancestral que habita en la comunidad.

El intercambio no buscó homogeneizar prácticas, sino reconocer diferencias y aprender de ellas. Mientras unos compartían experiencias tecnológicas y metodologías de investigación, otros enseñaban cómo la palabra puede habitar el cuerpo, la danza y la artesanía.

Un encuentro que cruzó geografías

El acercamiento fue posible gracias a la visita de docentes del centro del país que viajaron hasta La Campana para compartir experiencias de escritura multimodal e investigación escolar. Durante la jornada, los estudiantes wayuu mostraron su baile tradicional, la Yonna, sus trajes y prácticas culturales, reafirmando que el aula también es espacio de memoria colectiva.

En una de las actividades, niños y jóvenes escribieron poemas o realizaron dibujos donde representaron aquello con lo que se identifican: su territorio, su familia, su cultura. Más que un ejercicio creativo, fue una declaración de identidad.

El segundo día, la experiencia se amplió a través de una videollamada con profesores y estudiantes de otros colegios, entre ellos el Colegio San José Norte IED. Allí compartieron cómo cada grupo implementa la escritura y la tecnología en sus procesos formativos.

Escritura multimodal desde el tejido y el sueño

Para el grado décimo de la IEI No. 2 Campana, las prácticas de escritura multimodal se comprenden desde la lógica del tejido: cada hilo representa una historia, cada color un clan, cada símbolo una memoria. La concepción onírica —tan presente en la cultura wayuu— también hace parte de esta mirada: los sueños orientan, inspiran y configuran narrativas.

Las imágenes del encuentro muestran aulas abiertas a la luz, estudiantes dialogando en pequeños grupos, espacios de intercambio cultural en medio del paisaje guajiro y momentos cotidianos —como el juego en la cancha de arena— que recuerdan que la escuela es, ante todo, comunidad.

Una comunidad mixta que aprende desde la diferencia

El intercambio no buscó homogeneizar prácticas, sino reconocer diferencias y aprender de ellas. Mientras unos compartían experiencias tecnológicas y metodologías de investigación, otros enseñaban cómo la palabra puede habitar el cuerpo, la danza y la artesanía.

En Comunidad Multimodal, esta experiencia confirma que la escritura es mucho más que texto: es territorio, memoria, tecnología, voz ancestral y diálogo intercultural. En La Campana, cada estudiante es una estrella que aprende sin renunciar a su raíz, demostrando que el futuro se puede construir sin desprenderse del origen.

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