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Ciencia y memoria viva: el Semillero “Interkultural Ruuts” siembra saberes en el Colegio Francisco Primero S.S.

En el Colegio Francisco Primero S.S. IED, el aula de ciencias dejó de ser únicamente un espacio de fórmulas y reactivos para convertirse en un territorio de encuentro entre la química y la memoria ancestral. Así se vive el Semillero de Etnobotánica “Interkultural Ruuts”, una apuesta pedagógica que une investigación científica, identidad cultural e interculturalidad.

El proyecto nace de una necesidad clara: reconocer y valorar los hábitos tradicionales de los pueblos indígenas, afrodescendientes y campesinos de Colombia, no solo como parte del pasado, sino como saberes vigentes que dialogan con la educación contemporánea. Para el semillero, investigar plantas medicinales no es solo un ejercicio académico; es también una forma de combatir la discriminación, la violencia y la desigualdad a través del conocimiento y el respeto por la diversidad cultural.

El aula como laboratorio vivo

Conformado por dos grupos de grado décimo —36 estudiantes en total— y liderado por una profesora que desde 2022 ha consolidado este espacio, el semillero transforma cada sesión en una experiencia de investigación aplicada.

Las imágenes dan cuenta de este proceso: estudiantes reunidos en círculo sostienen pequeñas plantas en sus manos, escuchan, preguntan y comparten relatos sobre usos tradicionales. En otro momento, el laboratorio cobra protagonismo: guantes, morteros y cuadernos abiertos acompañan el análisis fitoquímico de especies medicinales. Allí, la observación científica se combina con la escritura cuidadosa de notas, hipótesis y resultados.

No se trata únicamente de identificar compuestos químicos; se trata de comprender el territorio, la historia y las prácticas culturales que han dado sentido al uso de cada planta.

Interculturalidad que se construye en colectivo

“Interkultural Ruuts” organiza su trabajo a partir de los grupos étnicos colombianos, promoviendo el reconocimiento de la diversidad como eje central del aprendizaje. En este proceso han participado pasantes de la Universidad Pedagógica Nacional y representantes de comunidades palenqueras, afro y campesinas, quienes enriquecen las prácticas de laboratorio con relatos y saberes ancestrales.

En las jornadas de encuentro, los estudiantes no solo investigan: dialogan, escuchan experiencias comunitarias y reflexionan sobre el lugar de la ciencia en la construcción de una sociedad más equitativa. Las dinámicas grupales —como las actividades circulares de integración y reflexión— fortalecen el sentido de comunidad y el respeto por la palabra del otro.

Cada práctica es también una experiencia de escritura multimodal: los estudiantes registran procesos, dibujan estructuras vegetales, documentan hallazgos y producen reflexiones que integran texto, imagen y experimentación.

“Interkultural Ruuts” organiza su trabajo a partir de los grupos étnicos colombianos, promoviendo el reconocimiento de la diversidad como eje central del aprendizaje.

Plantas medicinales: del saber tradicional a la forma farmacéutica

Uno de los propósitos centrales del semillero es el análisis fitoquímico de plantas medicinales y la elaboración de formas farmacéuticas tradicionales. Esto implica:

  • Identificación botánica.

  • Estudio de propiedades químicas.

  • Registro sistemático de observaciones.

  • Relación entre conocimiento ancestral y validación científica.

Cada práctica es también una experiencia de escritura multimodal: los estudiantes registran procesos, dibujan estructuras vegetales, documentan hallazgos y producen reflexiones que integran texto, imagen y experimentación.

Sembrar ciencia para cosechar respeto

El Semillero de Etnobotánica del Colegio Francisco Primero S.S. demuestra que la escuela puede ser un espacio donde la ciencia no excluye la tradición, sino que dialoga con ella. Reconocer los hábitos culturales de los pueblos colombianos no es un acto simbólico; es una acción pedagógica concreta que forma estudiantes críticos, sensibles y comprometidos con la diversidad.

En la Comunidad Multimodal, esta experiencia representa una práctica donde palabra, cuerpo, territorio y laboratorio se entrelazan. Aquí, cada planta investigada es también una historia recuperada; cada experimento, una conversación entre generaciones; cada estudiante, una voz que aprende a nombrar el mundo desde el respeto y la interculturalidad.

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