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Cartas que cruzan territorios: diálogo entre Bogotá y La Guajira

En el marco de la Comunidad Mixta de Escritura Multimodal, los estudiantes del Colegio San José Norte IED y el grado décimo de la Institución Educativa Indígena No. 2 protagonizaron un intercambio epistolar que transformó la palabra escrita en puente entre territorios.

Más que un ejercicio académico, el envío de cartas fue una experiencia de reconocimiento mutuo. Desde Engativá hasta La Campana, las y los estudiantes decidieron presentarse, contar quiénes son, cómo viven la escuela y qué sueñan para el futuro. En cada hoja doblada viajaron historias familiares, anécdotas cotidianas, preguntas curiosas y el deseo genuino de conocer al otro.

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Escribir para encontrarse

El intercambio se inscribe en las prácticas de escritura multimodal que promueve la Comunidad Mixta: escribir no solo como tarea, sino como acto de vínculo. En este caso, la carta —uno de los géneros más tradicionales— adquirió una dimensión contemporánea al dialogar con contextos culturales distintos.

Algunos mensajes incluían referencias a la vida urbana en Bogotá; otros hablaban del territorio, la cultura y las tradiciones wayuu. Hubo cartas que incorporaron dibujos, colores y detalles personales, ampliando el significado del texto escrito hacia una experiencia más expresiva y cercana.

La imagen de una de estas cartas, cuidadosamente redactada a mano, revela algo esencial: el tiempo dedicado a pensar en alguien que aún no se conoce. Cada línea escrita fue una forma de decir “Este es mi entorno” y, al mismo tiempo, “quiero saber sobre ti”.

En tiempos donde la comunicación suele ser inmediata y digital, optar por la carta escrita a mano fue una decisión pedagógica significativa: recuperar la pausa, la intención y la materialidad del mensaje.

Un aprendizaje que va más allá del aula

Este intercambio permitió a los estudiantes comprender que la escritura también es diálogo intercultural. No se trató únicamente de practicar redacción, sino de escuchar otras realidades a través de la palabra.

Mientras en La Campana los jóvenes compartían aspectos de su identidad indígena y su relación con el territorio, en Bogotá los estudiantes narraban su experiencia en un contexto urbano y diverso. El resultado fue un cruce de miradas que amplió horizontes y cuestionó estereotipos.

En tiempos donde la comunicación suele ser inmediata y digital, optar por la carta escrita a mano fue una decisión pedagógica significativa: recuperar la pausa, la intención y la materialidad del mensaje.

Comunidad que se escribe

Este ejercicio reafirma uno de los principios de la Comunidad Mixta: escribir juntos es también una forma de cuidarnos y de imaginar futuros compartidos. Las cartas no solo conectaron dos instituciones; sembraron la posibilidad de amistades, colaboraciones y nuevos proyectos conjuntos.

Desde Bogotá hasta La Guajira, la palabra viajó, se abrió y encontró respuesta. Y en ese trayecto, la escritura dejó de ser individual para convertirse en territorio común.

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