La escritura puede adoptar muchas formas. A veces aparece en un cuaderno, otras en una pantalla compartida, en un dibujo sobre la pared del aula o incluso en los patrones de un tejido. Esa diversidad de lenguajes fue el punto de partida de una experiencia educativa que conectó a estudiantes del Colegio San José Norte IED con la comunidad educativa de la Institución Educativa Indígena N.º 2, como parte de una investigación doctoral sobre escritura multimodal y prácticas sociosemióticas.
El proceso, que involucra áreas del Programa Diploma de Bachillerato Internacional como Lengua y Literatura, Matemáticas y el componente de Creatividad, Actividad y Servicio (CAS), se ha desarrollado a través de diferentes momentos que muestran cómo los estudiantes aprenden a escribir, pensar y dialogar en comunidad.
Aprender enseñando: la matemática como interacción
Uno de los primeros momentos ocurrió el 13 de noviembre de 2024, cuando estudiantes de grado décimo del San José Norte presentaron a estudiantes de noveno las características del programa académico que cursan.
La explicación no se limitó a una exposición tradicional. El grupo de Aplicaciones e Interpretaciones Matemáticas diseñó un juego visual pegado en la pared del aula: figuras, colores, símbolos y desafíos que transformaron ese espacio en un texto colectivo. Los estudiantes explicaban conceptos mientras invitaban a sus compañeros a interactuar con los elementos del juego, convirtiendo la enseñanza en una experiencia participativa.
En ese momento, la escritura dejó de estar únicamente en los cuadernos para expandirse hacia el cuerpo, el espacio y la interacción entre quienes enseñaban y quienes aprendían.
La palabra como reflexión crítica
Meses después, el 16 de julio de 2025, el aula del San José Norte se convirtió en escenario de otro tipo de escritura: la argumentación oral.
Durante una evaluación de Lengua y Literatura A, un estudiante presentó un análisis que conectaba una cuestión filosófica sobre la consciencia con una obra de la escritora Chimamanda Ngozi Adichie. En pocos minutos debía organizar ideas, interpretar textos literarios y no literarios y construir una reflexión propia.
La escena refleja uno de los aprendizajes clave del programa: comprender que la escritura no se limita al texto escrito, sino que también se expresa en la capacidad de argumentar, interpretar y dialogar con ideas complejas.
Una pantalla compartida entre culturas
El tercer momento ocurrió entre el 6 y el 10 de septiembre de 2025, cuando estudiantes y docentes de Bogotá se conectaron con la sede La Campana, en La Guajira.
A través de una videollamada, estudiantes del San José Norte compartieron un taller de escritura multimodal e intergeneracional con estudiantes de la institución indígena. En ese espacio participaron también integrantes de semilleros escolares como UCTIKRAY y Etnobotánica.
Mientras algunos estudiantes trabajaban desde Bogotá, otros —como Natalia Schlegel, integrante del componente CAS— participaban directamente desde La Guajira. La pantalla se convirtió en un punto de encuentro donde convergieron diferentes formas de entender el conocimiento.
Cuando los números dialogan con el territorio
Durante el intercambio, los estudiantes descubrieron que las matemáticas también pueden aprenderse desde otros lenguajes.
Los jóvenes del San José Norte están acostumbrados a trabajar con modelos, hojas de cálculo y guías estructuradas. En La Campana, en cambio, los estudiantes wayuu relacionan conceptos matemáticos con los patrones del tejido de mochilas, mantas y chinchorros, prácticas que integran memoria cultural, ritmo corporal y conocimiento del territorio.
La actividad produjo una lluvia de ideas en la que se mezclaron números, dibujos, palabras en wayuunaiki, gráficos y patrones de tejido. Cada elemento aportó una forma distinta de escribir y representar el mundo.
Una comunidad que se reconoce
En medio de ese intercambio surgió una palabra que nadie había pedido escribir, pero que terminó definiendo la experiencia: comunidad mixta.
Para los estudiantes y docentes participantes, esta expresión resume un proceso donde la escritura se expande más allá del papel para convertirse en encuentro entre generaciones, territorios y saberes distintos.
Desde Engativá hasta La Guajira, la experiencia demuestra que cuando los estudiantes comparten sus lenguajes —matemáticos, literarios, culturales— la educación se transforma en una práctica de diálogo y co-creación que trasciende las fronteras del aula.

